¿Está Chile preparado para contribuir a mejorar la salud del planeta por medio de lo que comemos?

El sistema alimentario actual determina pérdida de biodiversidad, uso excesivo de agua dulce, mal manejo del suelo, emisión de gases de efecto invernadero y, por ende, contribuye al cambio climático.

Hoy 25 de abril será lanzado en Chile el Reporte Alimentos en el Antropoceno: dietas saludables a partir de sistemas alimentarios sostenibles, publicado el pasado 16 de enero en la prestigiosa revista médica The Lancet. Su comisión EAT-Lancet -luego de más de dos años de colaboración entre 37 expertos de disciplinas como salud, nutrición, sostenibilidad ambiental, sistemas alimentarios, economía y política provenientes de 16 países- ha reconocido el enorme impacto que tiene el sistema alimentario actual sobre la salud humana y la sostenibilidad ambiental.

El reporte aborda cómo la manera en que estamos produciendo los alimentos que consumimos y el cómo nos alimentamos, así como también por qué ocurren en nuestro planeta epidemias de malnutrición por defecto -más de 200 millones de niños con hambre- y de malnutrición por exceso -38 millones de niños con sobrepeso u obesos-, y cómo éstas contribuyen al aumento de las tasas de obesidad y de varias otras enfermedades crónicas asociadas a la dieta, como diabetes, enfermedades cardiovasculares y cáncer.

Junto a estas enfermedades, el sistema alimentario actual determina pérdida de biodiversidad, uso excesivo de agua dulce, mal manejo del suelo, emisión de gases de efecto invernadero y, por ende, contribuye al cambio climático. Por estas razones, plantean los expertos como resumen en este reporte, es que debemos tomar acciones concretas respecto a los alimentos, para que los países alcancen los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) planteados por las Naciones Unidas y para dar cumplimiento al Acuerdo de París sobre Cambio Climático.

Así, una dieta que incluya más alimentos de origen vegetal y menos alimentos de origen animal es más saludable y sostenible, como explica el copresidente de la Comisión, Walter Willett: “El consumo mundial de frutas, vegetales, nueces y semillas, y legumbres deberá duplicarse, y el consumo de alimentos como la carne roja y el azúcar deberá reducirse en más del 50%”.

Un plato de “salud planetaria”, como lo han denominado, debería consistir en un volumen de aproximadamente la mitad del plato de verduras y frutas; la otra mitad, debe consistir principalmente en granos enteros, fuentes de proteínas vegetales, aceites vegetales insaturados, y -opcionalmente- cantidades modestas de proteínas de origen animal.

Según la Comisión, es importante una interpretación local de esta dieta universal, la que debe ser adaptada para reflejar la cultura, geografía y demografía de cada población y sus personas. Los autores de este reporte además señalan que generar los cambios necesarios sobre la dieta y el sistema alimentario garantizaría que para el año 2050 éste sea capaz de alimentar a las casi diez billones de personas que habitaremos la Tierra. Si seguimos como hasta ahora, eso no será posible, especialmente por el deterioro ambiental.

Ha llegado la hora de realizar acciones para lograr un sistema alimentario sostenible que ofrezca dietas saludables para una población creciente. A pesar de los desafíos, existen acciones fácilmente implementables según esta Comisión, en tres ejes estructurales.

Fomentar un cambio global hacia dietas saludables: la adopción de esta dieta saludable, o de “salud planetaria”, llegaría a prevenir entre el 19% y 24% del total de muertes en adultos, o, dicho de otra manera, cerca de 11 millones de muertes por año a nivel mundial.

Chile, país con altos indicadores de desarrollo, podría verse enormemente beneficiado considerando el alto impacto que tienen en su población las enfermedades crónicas. Según la última Encuesta Nacional de Salud (2016-2017) existe más de un 30% de personas adultas con obesidad, 40% con sobrepeso y más de un 12% de personas con diabetes. A pesar de ser una potencia agroalimentaria, sólo el 15% de los chilenos consume al menos 5 porciones de frutas y verduras al día, recomendación mínima de consumo dada por la Organización Mundial de la Salud.

Algunas acciones específicas consideran la generación de Guías Alimentarias que incluyan aspectos de salud y sostenibilidad ambiental, fomentando su uso para la educación nutricional. Debe asegurarse, además, que estas dietas saludables sean accesibles para amplios sectores de la población y producidas de manera sostenible. Existen modelos que utilizan subsidios, impuestos e incentivos para ello.

Mejorar las prácticas en la producción de alimentos: para ello, la Comisión propone que es necesario reorientar las prioridades agrícolas, pasando de producir grandes cantidades de alimentos a producir alimentos saludables, mejorando su variedad. Estudios chilenos muestran el amplio uso de agroquímicos, donde los plaguicidas de diverso tipo se aplican en áreas agrícolas muy cercanas a zonas residenciales y escuelas.

Más aún, en nuestra agricultura, aun cuando se respetan las regulaciones nacionales para reducir la exposición a estos plaguicidas, varios productos están prohibidos en los países desarrollados y más aún, se usan en mezclas no siempre controladas.

Nuestros estudios ya muestran presencia de estos plaguicidas en los trabajadores agrícolas y en los niños de zonas agrícolas en la zona central de Chile. Por otro lado, la superficie cultivada en Chile es dominada por tres variedades: trigo, avena y maíz, con más del 60% de la superficie total país, siendo además el sector agrícola el mayor usuario de agua, con un 73% del total nacional. Se estima que la gestión de este recurso estratégico será el mayor desafío en materia de cambio climático para Chile.

Acciones específicas incluyen innovar y mejorar técnicas agrícolas, hacer un uso más eficiente del agua y de los plaguicidas y fertilizantes, sin dejar de lado todas las estrategias disponibles para proteger la biodiversidad.

Reducir de la pérdida y el desperdicio de alimentos: para la Comisión, un objetivo alcanzable es reducir al menos a la mitad la pérdida y desperdicio de alimentos, lo que implica acciones en cuanto a educación, tecnología y políticas públicas. Se estima que en nuestro país anualmente se generan alrededor de 4,6 millones de toneladas de residuos sólidos a nivel de agroindustria, perdiéndose un 30% de alimentos saludables en toda la cadena de producción. Lo anterior ya ha generado reacciones, constituyéndose un Comité Nacional para abordar este problema en busca de prevenir y reducir estas pérdidas.

De acuerdo a la Comisión, los desafíos propuestos son complejos y exigen el compromiso de muchos actores para que se catalice el cambio de los sistemas. Se requiere, entonces, la participación de actores en todas las escalas y en todos los sectores que trabajen hacia el cumplimiento de los ODS.

Queda mucho por hacer para reconocer la alianza necesaria entre los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil. A la vez, otros ODS que podrían verse favorecidos de manera directa con la “dieta planetaria” y un sistema alimentario sostenible incluyen aquellos que reclaman poner fin a la pobreza en todas sus formas, terminar con todas las formas de hambre y desnutrición y velar por el acceso a una alimentación suficiente y nutritiva. Están además, los de garantizar vidas saludables y bienestar para todos, garantizar el acceso universal al agua potable segura y asequible para todos, reducir el consumo y fomentar la producción sostenible y responsable de bienes y recursos, entre estos reducir pérdida y desperdicio de alimentos.

También se requiere tomar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus impactos. Por ejemplo, las promesas climáticas bajo el Acuerdo de París cubren solo un tercio de las reducciones en las emisiones necesarias para imitar el aumento de la temperatura global a menos de 2°C; conservar los océanos y mares, y utilizar de forma sostenible los recursos marinos; y el conservar y recuperar el uso de ecosistemas terrestres como bosques y humedales, detener la deforestación y reducir la pérdida de hábitats naturales y biodiversidad.

Finalmente, la Comisión EAT asevera que existen datos suficientes y evidencia lo suficientemente sólida como para justificar acciones inmediatas, ya que “retrasar la acción solo aumentará la probabilidad de consecuencias serias, incluso desastrosas”. Es más, existen argumentos éticos que obligan a asumir una responsabilidad ética por los 10 billones de co-ciudadanos en el mundo, y así tener una historia esperanzadora y deseable para el presente y el futuro, para nuestros hijos y nietos.

* Sandra Cortés, investigadora del Centro Avanzado de Enfermedades Crónicas (ACCDiS), Departamento de Salud Pública. Facultad de Medicina y Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (CEDEUS).

* Jenny Ruedlinger, investigadora del Centro Avanzado de Enfermedades Crónicas (ACCDiS)